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La decisión de ser líder: pasión, valores y dedicación

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Tradicionalmente se consideraba que tener resultados muy altos en las pruebas de inteligencia podía garantizar que una persona se convirtiera en líder. Si embargo, las investigaciones muestran que existen otros factores que determinan en mayor medida nuestro éxito personal.

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Por ejemplo, Dean Keith Simonton, profesor de Psicología en la Universidad de California-Davis, miembro de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia y miembro de la American Psychological Association, realizó un estudio a más de 300 mentes excepcionales nacidas entre 1450 y 1850. De su investigación dedujo que lo que influía fundamentalmente en su excepcionalidad era el trabajo en un campo concreto y la motivación por la pasión que sentían hacia el que sería su campo de especialización.

Por otro lado, Mihaly Csikszentmihalyi, catedrático en neurociencias en la Universidad de Stanford en California, entrevistó a más de 90 mentes brillantes de nuestro tiempo para su libro Creativity, entre ellos estaban más de 10 Premios Nobel. La conclusión del profesor fue que las personas más brillantes están y se sienten fascinadas por su trabajo.

Por lo que sentir pasión por lo que hacemos en nuestra vida es un factor determinante para alcanzar el éxito personal. Además, existen otras variables asociadas a nuestras habilidades personales e interpersonales que determinan nuestra capacidad para alcanzar nuestras metas. Estas variables se agrupan en dos categorías: nuestras habilidades personales (el conocimiento de nosotros mismos, la gestión de las emociones, la capacidad de motivarnos) y nuestras habilidades interpersonales (la empatía y las habilidades sociales).

“La inteligencia emocional representa el 80 por ciento del éxito en la vida”, Daniel Goleman

Daniel Goleman, en su libro Emotional Intelligence, define la inteligencia emocional como la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. Según Goleman, una persona inteligente emocionalmente es aquella que:

  • es capaz de motivarse a sí misma.
  • regula sus propios estados de ánimo.
  • controla sus impulsos y agradece la cosas.
  • evita que la angustia le paralice y empatiza y confía en los demás.

El grado de dominio que alcance una persona sobre estas habilidades resulta decisivo para determinar el motivo por el cual ciertos individuos prosperan en la vida mientras que otros, con un nivel intelectual similar, no consiguen lograrlo. Su tesis defiende que, con mucha frecuencia, la diferencia radica en ese conjunto de habilidades que ha llamado “inteligencia emocional”, entre las que destacan el entusiasmo, el autocontrol, la empatía, la perseverancia y la capacidad para motivarse a uno mismo. Si bien, una parte de estas habilidades pueden venir configuradas en nuestra genética, y otras tantas se moldean durante los primeros años de vida, la evidencia respaldada por abundantes investigaciones demuestra que las habilidades emocionales son susceptibles de aprenderse y perfeccionarse a lo largo de la vida, si para ello se utilizan los métodos adecuados. Por lo que la inteligencia emocional no es algo estático, se desarrolla a lo largo de toda la vida. Por ello, lo importante no es con qué inteligencia nacemos sino qué hacemos con ella.

El mundo empresarial no ha sido ajeno a esta tendencia y ha encontrado en la inteligencia emocional una herramienta inestimable para comprender la productividad laboral de las personas, el éxito de las empresas, y los requerimientos del liderazgo. La Harvard Business Review, ha llegado a calificar la inteligencia emocional como un concepto revolucionario, una de las ideas más influyentes de la década en el mundo empresarial. Cada vez son más las empresas que utilizan la inteligencia emocional como un modelo de competencias para el liderazgo en la medida que los resultados del equipo dependen en gran parte de la capacidad que tiene el líder para gestionar sus propias emociones y las de los miembros de su equipo.

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Existen características comunes en los líderes que consiguen inspirar e influir positivamente en las personas a las que dirigen: pasión, valores esenciales, dedicación y un profundo sentimiento de propósito. Tienen una visión que brinda una orientación y un sentido en el día a día que determina lo que va a ser esencial cultivar: ser ejemplar. La ejemplaridad es condición necesaria de un líder para ganarse la autoridad y la confianza de los demás.

“Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”, Albert Einstein

Al igual que la autoridad, la confianza sigue un proceso para desarrollarse. Los líderes llegan a serlo a través de sus esfuerzos personales. Si el líder es la persona que representa unos valores, que hacen que la gente los descubra y se sientan identificados, resulta especialmente importante que ese tipo de valores no puedan ser cualesquiera y que exista coherencia entre los valores que pretende transmitir y lo que en realidad reflejan sus conductas.

Según Napoleón Hill, escritor, periodista y profesor estadounidense, dedicado durante su vida a aprender cuales son las claves del éxito de la mano de los que ya lo habían tenido, existen valores muy importantes para alcanzar el liderazgo:

  • Valor inquebrantable.
  • Autocontrol
  • Precisión en las decisiones.
  • Un claro y profundo sentido de la justicia.
  • Exactitud en los planes.
  • Dominio del detalle.
  • Una personalidad agradable.
  • Simpatía y comprensión.
  • Cooperación.

El líder tiene interés personal en el éxito de aquellos a los que dirige, para ello es importante prestar atención y motivar a las personas. Escuchar es probablemente la mejor forma que tenemos de prestar atención a los demás. También es importante reconocer y reforzar el comportamiento o logro específico exitoso, porque el refuerzo produce repetición.

Además de la escucha como valor guía de un líder, existen otras cualidades: el respeto, la confianza, la generosidad, la equidad, la honradez, sin olvidar el comportamiento probablemente más importante de todos, el compromiso.

El compromiso implica dedicación y una visión de desarrollo personal y del grupo junto con una mejora continua. El compromiso resulta un comportamiento natural cuando sentimos pasión y entusiasmo por lo que hacemos y nos impregnamos de una actitud positiva y de seguridad en nosotros mismos. Lo mejor es preferible a lo bueno. El compromiso con la calidad final de algo proporciona un acceso único a la excelencia, desde la actividad más pequeña hasta el objetivo más elevado.

Se trata de ser y hacer las cosas lo mejor posible y esto consiste en implicarse y comprometerse en nuestra vida con pasión, valores y dedicación para transformarnos en nuestra mejor versión. Ser y hacerlo lo mejor posible es una experiencia que está al alcance de toda persona en todo momento.

“Cuando comenzamos la vida, a cada uno se nos da un bloque de mármol y las herramientas necesarias para convertirlo en una escultura. Podemos arrastrarlo intacto detrás de nosotros, podemos reducirlo a grava o podemos darle una forma gloriosa”, Richard Bach

Maite Mateo González

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