De la escucha activa dicen que es la habilidad social más importante, pero también una de las más difíciles de conseguir. Por un lado, al practicarla, lograremos entender mejor a las personas con lo que podremos modular nuestro comportamiento en consecuencia, además la gente a nuestro alrededor se abrirá más a nosotros, se sentirán cómodos con nosotros y tendremos más opciones de conseguir nuestros objetivos y de crear vínculos más duraderos y verdaderos. Por otro, nuestra naturaleza, es más proclive, como veremos más adelante, a hablar que a escuchar.

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Pero vayamos por partes, primero definamos qué es la escucha activa. La escucha activa es una habilidad que nos permite entender más allá del mero mensaje explícito que nos facilita nuestro interlocutor.

Si escuchamos activamente seremos capaces también de interpretar las emociones, sentimientos e intenciones que están detrás de las palabras

La escucha activa es clave para desarrollar la empatía y es una de las habilidades sociales que más pueden ayudarnos en nuestro día a día. Gracias a esta habilidad seremos capaces de comprender mejor a los demás, a disfrutar de su compañía, a aprender de ellos y a ayudarles o consolarles cuando lo necesiten. Se llama así porque requiere de un esfuerzo consciente por nuestra parte. Además tiene un maravilloso poder curativo sobre la persona escuchada.

Por otro lado en el ámbito laboral, la escucha activa, puede resultar muy útil como palanca de motivación para empleados y colaboradores, incluso para clientes y proveedores.

Por ejemplo, escuchar activamente a un empleado hace que éste se sienta mejor valorado y tenga una mayor predisposición a la hora de trabajar en equipo, además se sentirá más implicado en el día a día de la compañía, en su cultura y sus valores. Y esto es porque la escucha activa eleva la autoestima del que habla ya que siente que lo que dice es importante.

En definitiva, la escucha activa hace que nuestras relaciones sean más fluidas, respetuosas y agradables. Al escuchar a los demás se reducen las posibilidades de que exista malentendidos y conflictos, además de que podemos ampliar nuestros puntos de vista, cultura e intereses.

¿Por qué escuchamos tan mal?

Lo cierto es que, por norma, nos gusta más hablar que escuchar. Hay estudios que indican que esto es porque estamos programados para ello. De hecho, se ha demostrado que al hablar de nosotros mismos se activan áreas del cerebro que están relacionadas con el placer.

Otro mito muy extendido, pero en el que casi todos creemos, es que para caerle bien a alguien debemos parecerle interesante, pero la realidad es que para lograr ese objetivo, lo ideal es conseguir que la otra persona se sienta interesante cuando está con nosotros.

Además el auge de las tecnologías no ayuda. Estamos acostumbrados a recibir mucha información por muchos canales y de una forma muy rápida y breve. Además se trata de un flujo de comunicación casi constante y no requerido. ¿Quién no ha mirado el móvil cuando le ha llegado una notificación de Whatssapp aunque esté manteniendo una conversación relevante en persona?

Para caerle bien a alguien debemos conseguir que se sienta interesante cuando está con nosotros

Claves para mejorar nuestra escucha

A estas alturas del artículo seguro que estás ya convencido de los beneficios de la escucha activa. Pero, bien, ¿qué podemos hacer para mejorar nuestras técnicas de escucha? Aquí os proponemos algunas ideas.

La primera norma: hablar menos y escuchar más. Además debemos de ser conscientes de que no todo e mensaje está en las palabras. Todo acto comunicativo consta de componentes verbales, no verbales y paralingüísticos y debemos estar atentos a los tres.

Cosas a evitar:

  • A toda costa debes tratar de evitar interrumpir. Si prestas atención a cualquier conversación que haya a tu alrededor te darás cuenta de la cantidad de veces que nos interrumpimos los unos a los otros. Pero si nos paramos a pensar en el mensaje que mandamos al resto cuando interrumpimos, nos lo pensaríamos dos veces: lo que tengo que decir yo es más importante que lo que estás diciendo tú. O peor, no quiero conocer los detalles de lo que estás contando o incluso “esta conversación es una competición y la pienso ganar”.
  • Preparar lo que vas a decir después. Seguro que has pasado por una experiencia similar y tienes algo que aportar, pero es mejor que te centres en su discurso. A esto se le llama escucha egocéntrica y suele darse cuando se entiende una conversación como una competición.
  • Hacer juicios de valor sobre lo que piensa el otro. Tener etiquetas o ideas preconcebidas.
  • Estar buscando en las palabras de los demás algo que corrobore una creencia nuestra o una información en concreto que queremos saber de esa persona.
  • Buscar siempre el dar consejos. Comparar o compararse.

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Cosas que sí que debemos hacer:

  • Mirar de frente a nuestro interlocutor y mantener el contacto visual. Además nuestra postura debe ser receptiva, evitando por ejemplo cruzar los brazos.
  • Apagar o silenciar el teléfono móvil o iPad y mantenerse lejos de la pantalla del ordenador.
  • Demostrar que seguimos el hilo de la conversación. Asentir con la cabeza, sonreír o repetir algunas de las palabras o ideas que la otra persona ha dicho.
  • Hacer preguntas abiertas o que impliquen sentimientos.
  • Pedir aclaraciones o que amplíen una información que nos han dado. O si no hemos comprendido algo bien, decirlo.
  • Estar abierto a escuchar cosas inesperadas o que no nos gusten. Si lo que escuchamos va en contra de nuestros principios y valores no debemos bloquear la escucha. Escuchar no implica que estemos de acuerdo pero si lo hacemos activamente, nuestro interlocutor estará luego más predispuesto a escuchar nuestro punto de vista.
  • Empatía, empatía y empatía. Ponerse en el lugar del otro nos hará la tarea de la escucha activa mucho más llevadera.

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