No, este no es un artículo más sobre las vacaciones aprovechando que es el momento de hablar sobre el tema y los posts crecen por doquier con recomendaciones para superar el síndrome postvacacional. Este es un artículo sobre el tiempo y nuestra manía de ponerle límites a un continuo, sobre nuestro empecinamiento en definir un tiempo para la obligación y un tiempo para la diversión. Un tiempo de resignación y un tiempo de alegría y felicidad. Esto va de abordar cambios personales para vivir mejor.

La generalización de este pensamiento polarizado, aplicado al tiempo de trabajo y al tiempo personal abría la ponencia del 50º encuentro de nuestro Club Innova&acción. En este encuentro, junto a David Criado, tuvimos ocasión de reflexionar, debatir y llevarnos conclusiones muy relevantes sobre el desarrollo de una nueva cultura organizacional en la que no necesitemos llegar al final de la jornada laboral para sentirnos vivos.

Además del cambio organizacional, podemos abordar también el cambio desde una perspectiva personal. Ganar conciencia del presente y propósito (responsabilidad) sobre nuestras acciones hace que nuestra percepción del tiempo abandone un posicionamiento polarizado para empezar a apreciar y valorar el tiempo. Tomar conciencia de nuestra capacidad de elección y asumir la responsabilidad de elegir nos convierte en protagonistas para dejar de ser espectadores de nuestra vida.

Como siempre, hay que buscar un punto de partida que, para mí, se encuentra en nuestra escala de valores, con la que definimos aquello que es importante para nosotros, y nuestras expectativas sobre el éxito y aquello que “merecemos”, lo que nos hace “felices” y, de una manera más trascendente, lo que nos dota de sentido. Pero ojo, esto es algo que construimos socialmente en base a modelos y referentes, algo que es compartido, algo a lo que le añadimos nuestra individualidad para hacerlo propio.

Es posible que estemos siendo un poco esclavos, sin ser del todo conscientes, de modelos de éxito y de felicidad que deberíamos replantearnos si, por un lado, son asumibles y realistas y, por otro, son realmente significativos para nosotros. Un modelo de felicidad muy extendido es el de “Ser rico y no trabajar”, últimamente modificado por “Ser rico y poder hacer con mi tiempo lo que quiera”. Esto es, en realidad, asumir que poder comprar todas las cosas que otros no pueden y pasar la vida en modo vacaciones perpetuas es lo que nos hará felices. Pero es paradójico que nadie disfruta del descanso cuando está descansado ni de cualquier actividad cuando está cansado. Hay personas que te dicen que, si les tocara la lotería, seguirían haciendo su vida como hasta ahora pero se permitirían caprichos y viajarían mucho, porque es lo que más les gusta.  En cambio, hay otras que lo que más les gusta es viajar y organizan su vida para poder hacerlo varias veces al año, sin ser ricos, pero destinando su dinero a ello en lugar de a pagar una hipoteca o a acumular unos ahorros. Es una decisión personal, pero tal vez unas están siendo más consistentes con lo que quieren o más sinceras consigo mismas alejándose de las convenciones (modelos) establecidos.

Otro modelo imperante en la actualidad es el centrado en estar constantemente ocupado. Parece que hacer bien las cosas suponga tener la agenda repleta y llegar al final del día extenuados. Si te queda energía es que no has hecho lo suficiente. Pero lo que ocurre en realidad es que el cansancio permanente nos aleja del bienestar necesario para ser felices. Un modelo de vida en el que la felicidad y el bienestar se aparcan siempre para luego es un modelo generador de frustración.

Hace mucho tiempo vi este vídeo, que seguramente habréis visto, pero que conviene revisitar de vez en cuando:

Teniendo claro lo que queremos y lo que nos importa, necesitamos ser más conscientes de lo que hacemos para poder contrastar si está en consonancia o disonancia con nuestros propósitos y nuestros valores. Para ello necesitamos abandonar los automatismos y las inercias, tomar el control para dirigirnos a nosotros mismos y liderar nuestro cambio y ser conscientes de nuestro presente y disfrutarlo plenamente, si es el caso. Un poco al modo en que se describe en este anuncio de BMW:

Una de las consecuencias de hacer esto es que, de repente, empezamos a plantearnos si lo que estamos haciendo nos aporta (está en consonancia con nuestros valores y contribuye a nuestros propósitos) o no. Por ejemplo, hace poco un buen amigo me comentaba durante una cena que hay personas poco significativas para él con las que pasa más tiempo que con otras con las que le apetece más estar y a las que echa más de menos ¿Por qué?

  • Está dejando la responsabilidad de decidir sobre su tiempo a otros, que son los que proponen los planes.
  • La falta de asertividad le lleva a aceptar unos planes en los que no está verdaderamente interesado, no saber decir que no.
  • La inercia hace que sea mucho más fácil aceptar lo que le viene dado que invertir energía para crear otros escenarios, planes alternativos con las personas que realmente le importan.

Esto nos sucede a menudo y no solo con amigos, también con familiares. No solo con los planes de ocio, a veces se trata de favores que nos piden, otras veces directamente de gorrones que solo se acercan a nosotros cuando necesitan algo…

Dándonos cuenta de ello, toca ser responsables y decidir que hacer con estos ladrones u “okupas” de nuestro tiempo. Vamos a resignarnos o vamos a transformar ese tiempo intrascendente en significativo.

Seamos pues realistas, el tiempo en vacaciones no tiene por qué ser necesariamente mejor ni más positivo ni con más momentos de felicidad que el resto del año. Así que, como consejos doy que para mí no tengo, ahí van algunos imperativos para que, sin tener vacaciones todo el año, disfrutemos un poco más cada día de un tiempo significativo:

  1. Trabaja en lo que te gusta, rodeado de gente buena y buena gente. Si no tienes esto pincha aquí para explorar como hacer un cambio de orientación de carrera.
  2. Dedícate un momento de felicidad hedonista cada día. Para algunos es la serenidad que les aporta la meditación, para otros las endorfinas de practicar una actividad física intensa, una conversación sincera (aunque sea al teléfono) con ese amigo o familiar que tanto aprecias y que tan poco ves (con tu pareja, si la tienes, deberías tener este tipo de conversaciones a diario, si no es así…), comer un cachito de tu queso preferido y acompañarlo de ese vino, leer un poema, abrazar a tus hijos antes de dormir mientras les lees un cuento asombroso, cenar mientras ves ponerse el sol,… Hay miles de cachitos de felicidad que hacen que cada día merezca la pena, los tienes ahí constantemente y solo tienes que prestarles atención para disfrutarlos plenamente.
  3. Toma el descanso que necesites. Si vives permanentemente agotado es que ha llegado el momento de renunciar. Algo sobra en tu vida, si es tu trabajo actual, vuelve al link del punto uno. Si son relaciones tóxicas, aprende a ser asertivo. Permítete también cuando descanses, disfrutar del placer de no hacer nada.
  4. Cuídate. Un poquito de ejercicio cada día y comida sana cinco o seis días a la semana. Comer es una necesidad y un placer, la comida saludable también puede ser divertida y estar buena. Te carga de energía y te protege. Comer bien habitualmente te permitirá pecar cuando quieras sin sentirte culpable y sin perder tu salud.
  5. Acepta que la tristeza, el malestar, los problemas, las dificultades y las calamidades sin remedio existen, no eres invulnerable a ellas y llegarán a tu vida, muchas veces sin avisar. No malgastes tu tiempo anticipándolas.

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