Cultura y Economía son dos conceptos que muchos consideran alejados entre sí, pero nada más lejos de la realidad. Y no solo porque la cultura no sería posible sin recursos (públicos, privados o sociales) ni la economía sin sociedad entendida ésta en el sentido más amplio de cultura. La realidad es que la cultura es en sí misma (o al menos tiene el potencial para serlo) un gran motor económico.

Entre otras cosas, la cultura y su industria generan empleo de forma directa e indirecta, favorecen la igualdad de oportunidades, permiten que las marcas y los productos se revaloricen, atraen turismo y promueven la movilidad e incluso, a largo plazo, transforman y regeneran los espacios urbanos.

En otro orden de cosas, más personal pero igualmente importante para la prosperidad de una comunidad, la cultura favorece la cohesión social, aumenta el empoderamiento de sus miembros y los dota de medios para ejercer su libertad de expresión y comunicación.

Pero, ¿de qué hablamos exactamente cuando de la cultura y su industria o lo que es lo mismo de las industrias culturales o de la economía naranja?

Existen distintas categorizaciones para delimitar la “industria de lo cultural”, pero podríamos decir que la economía naranja se nutre de la industria editorial, las artes visuales y escénicas, la industria cinematográfica, el diseño y la arquitectura, la industria de los juegos y los videojuegos, la publicidad, el software, la televisión, la radio, y la industria de la moda, así como cualquier otro tipo de actividad que genera un bien o un servicio creativo.

Pero la industria naranja va mucho más allá. Cualquier sector industrial o cualquier empresa de servicios puede beneficiarse de ella. ¿Cómo? A través de la creatividad y la innovación. El valor del mercado de los productos y servicios se determina cada vez más en base a su singularidad, rendimiento y apariencia. Actualmente, los  individuos  (como  agentes  económicos) no  se  conforman con bienes  y   servicios carentes  de  originalidad y  creatividad.  El  progreso  de  la  sociedad,  la  implantación  de  modas  y  la evolución de las tecnologías han provocado que se vuelva necesario que las empresas salgan de su zona de  confort, obligándolas a tener que incorporar bienes  y servicios novedosos para intentar mantener su posicionamiento, su cuota de mercado y su competitividad en un mundo globalizado e internacionalizado, con una competencia cada  vez  más  grande  y  agresiva.  En  este  contexto,  las ideas,  la  cultura,  la  creatividad  y,  en  definitiva,  la  innovación,  se  convierten  en  factores  clave  de diferenciación y competitividad.

Muy ligado a esto podemos hablar de ciertas tendencias sociales o culturales que afectan a los mercados y que gracias a la creatividad y la innovación pueden convertirse en un valor diferencial para una determinada marca. Por ejemplo, actualmente podríamos hablar de una corriente a favor de las empresas, productos y servicios con fines sociales o que favorezcan la inclusión social, el reciclaje o el cuidado del medio ambiente.

Algunos datos sobre la Economía Naranja

Podemos decir que industria cultural, en términos de aportación económica y empleo, vive uno de los mejores momentos de su historia. Su crecimiento e importancia aumenta sin cesar, a lo largo y ancho del mundo: edición, música, medios audiovisuales, videojuegos, música, eSports, plataformas online… todas constituyen hoy la columna vertebral de un desarrollo económico y del empleo de unos países cuyo desarrollo se basa en la creatividad y la innovación. El consumo de bienes y servicios culturales esta de moda y la valoración social de la cultura está alcanzando cotas muy elevadas.

Según la UNESCO, los bienes y servicios directamente relacionados con la creatividad representan ya un 3% del PIB mundial y dan empleo a cerca de 30 millones de personas en el mundo. En Europa y según los últimos datos de Eurostat correspondientes a 2017, existen 8,7 millones de puestos de trabajo en el sector cultural, de los cuales cerca de 700.000 se encuentran en España. En Estados Unidos, principal economía del mundo, la Economía Naranja ya aporta un 10% de su Producto Interior Bruto mientras que en países emergentes como Colombia ese porcentaje alcanzó el 3,4% creciendo un 40% acumulado solo en tres años. Este es el potencial del sector “naranja” que hoy por hoy constituye un reto para los países que luchan por ganar competitividad y atraer empresas en el gran mercado global que hoy es el mundo.

La globalización de intercambios de bienes y servicios y la explosión de las nuevas tecnologías ha abierto nuevas perspectivas, pero también nuevas asimetrías y retos, especialmente en el ámbito de la gestión y protección de los derechos de autor, una cuestión clave para la promoción de esta industria emergente y para las empresas que forman parte de este ecosistema.

Iniciativas para promover las industrias creativas: de la Creative Business Cup a la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO

Hace unas semanas os anunciábamos que Innova&acción y la Red de Industrias Creativas (RIC) habíamos llegado a un acuerdo de colaboración y fruto de él la final española de la Creative Business Cup se va a celebrar en Valencia el próximo mes de abril. Los ganadores de esta competición para empresas creativas viajarán a Copenhague para defender su proyecto en la Creative Business Cup global. Si quieres conocer más sobre esta iniciativa o quieres vivir la experiencia junto a tu empresa, aquí tienes toda la información.

Por su lado, la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO se creó en 2004 para promover la cooperación hacia y entre las ciudades que identifiquen la creatividad como factor estratégico de desarrollo urbano sostenible. Actualmente son 246 las empresas que forman parte de la red, 6 de ellas españolas:

El objetivo en común de todas estas ciudades es posicionar la creatividad y las industrias culturales en el centro de su plan de desarrollo local y cooperar activamente a nivel internacional en la materia.

Al unirse a la Red, las ciudades se comprometen a compartir sus buenas prácticas y a desarrollar vínculos que asocien a los sectores público y privado y a la sociedad civil para:

  • Reforzar la creación, la producción, la distribución y la difusión de actividades, bienes y servicios culturales;
  • Desarrollar polos de creatividad e innovación y aumentar las oportunidades al alcance de los creadores y profesionales del sector cultural;
  • Mejorar el acceso y la participación en la vida cultural, en particular en beneficio de grupos desfavorecidos y personas vulnerables;
  • Integrar plenamente la cultura y la creatividad en sus planes de desarrollo sostenible.

La Red cubre siete ámbitos creativos: artesanía y artes populares, artes digitales, cine, diseño, gastronomía, literatura y música.

En definitiva, podemos decir que la creatividad y la cultura son clave para promocionar el desarrollo sostenible de las sociedades y economías modernas, además de un fantástico laboratorio de acción para la innovación.

 

 

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