fbpx

Fundéu BBVA lleva años eligiendo la palabra del año.  Los 12 vocablos finalistas en 2019 fueron estos: electromovilidad,  desglobalización, neonegacionismo,  exhumación, DANA,  huachicolero,  seriéfilo,  influencer,  emoji,  albañila, cúbit y superdesempate.

Todas estas palabras cumplen dos requisitos, que son los que las hacen ser candidatas a ser palabra del año.

  • Por un lado, tener presencia, en mayor o menor medida, en el debate social y en los medios de comunicación. Es decir, tener una cierta transcendencia en la sociedad.
  • Por otro, ser interesantes desde el punto de vista lingüístico: por su etimología, su significado, su novedad o las dudas con respecto a su uso.

Es decir, se trata de palabras que definen de algún modo las tendencias de nuestra sociedad y que aún son desconocidas por el gran público con respecto a su verdadero significado o implicaciones.

La ganadora en 2019 fue emoji, pero en este artículo vamos a centrarnos en otra de las finalistas: desglobalización, neologismo acuñado para aludir a la marcha atrás en el proceso de globalización.

Definiendo la desglobalización

Quizá estos días hayas oído o leído este término haciendo alusión a la emergencia sanitaria que estamos viviendo a causa del coronavirus. Gobiernos de todos los continentes han decretado estos días el cierre de fronteras, la paralización de los intercambios comerciales y el control de los movimientos de la población. Medidas todas ellas desglobalizadoras, de carácter proteccionista y de fronteras para adentro. Las circunstancias obligan a ello. Las naciones se repliegan sobre sí mismas e inevitablemente surgen mensajes emocionales de carácter nacionalista.

Sin embargo, esto no debe nublarnos la vista. Lo cierto es que medidas de carácter desglobalizador, menos drásticas evidentemente, llevan tiempo aplicándose y que el fenómeno de la desglobalización está el punto de mira de economistas y políticos.

Podríamos definir la desglobalización como un proceso de disminución de la interdependencia existente entre los países del mundo. En contraposición a la globalización, la desglobalización se caracteriza por una reducción de las relaciones políticas, comerciales y económicas que se realizan entre las naciones y también en una pérdida de protagonismo de las instituciones supranacionales.

Todo ello se materializa en decisiones políticas y comerciales como la subida de aranceles, las restricciones fronterizas que afectan al trabajo y a los trabajadores o las limitaciones a las inversiones extranjeras. Fenómenos como el Brexit, las políticas proteccionistas de Donald Trump y su guerra comercial con China o el ascenso de los partidos ultranacionalistas en Europa son ejemplos claros de que la desglobalización está cobrando fuerza en los últimos tiempos.

Midiendo la globalización/desglobalización

En 1979,  el KOF Swiss Economic Institute, creó el llamado Índice KOF cuya función es medir el grado de globalización de los distintos países teniendo en cuenta factores económicos, sociales y políticos. Actualmente mide a 207 países de todo el mundo.

Este índice fue mostrando un incremento constante de la globalización en el mundo desde la década de los setenta, teniendo un importante pico en los años 90 como consecuencia del fin de la Guerra Fría y la disolución de la URSS.  Sin embargo, el índice KOF muestra un cambio de esta tendencia en la primera década del S.XXI, coincidiendo con el conocido como “estallido de las punto com” y la caída de las Torres Gemelas  aquel fatídico 11 de septiembre de 2001.Podríamos decir que estos dos sucesos supusieron un duro revés para el proceso de  globalización y empezaron a configurar un cambio en el mapa mundial tal y como lo conocíamos.

Pero para comprender mejor los fenómenos de la globalización/desglobalización, vamos a ver que mide exactamente este índice. El índice KOF está basado en 3 pilares:

  • Globalización económica, caracterizada por el comercio de bienes, servicios y capital; aquí se cuantifican, no solo los flujos comerciales y de inversión actuales, sino el grado en que un país impone restricciones al comercio y al capital. Algunos indicadores de esta área son el número de exportaciones e importaciones, la inversión extranjera directa o las restricciones comerciales ejercidas por cada país.
  • Globalización social, que incluye la libertad de información y la calidad de vida de los habitantes; refleja el flujo de información vinculado a medios de comunicación, internet, telecomunicaciones, y proximidad cultural. Aquí encontramos indicadores como el tráfico telefónico, el uso de Internet, la importancia del sector turístico, el número de McDonald’s que hay en el país, etc.
  • Globalización política, aquí se analiza el grado de cooperación entre países y la participación en organismos y tratados internacionales, así como la democratización y el respeto de los gobiernos a la difusión de ideas. Algunos indicadores son la participación o no en organismos internacionales como la ONU o el número de embajadas extranjeras en el país.

¿Por qué se está produciendo la desglobalización?

Todos los expertos coinciden en que los motivos de la aparición de la desglobalización son diversos, a continuación vamos a analizar los que consideramos más relevantes:

El empobrecimiento y el descontento de las clases medias de los países desarrollados

Uno de los aspectos más criticados por los detractores de la globalización económica es la fuga de empresas nacionales a países donde los costes de producción son más bajos. Esta deslocalización ha provocado la desaparición de puestos de trabajo en los países desarrollados, la precarización del empleo y la pérdida de derechos que formaban parte del estado del bienestar. Una de las consecuencias más notorias de la gran crisis económica de 2008 en los países desarrollados fue el empobrecimiento de sus  clases medias. La devaluación salarial y el desempleo llevaron a muchas personas a vivir situaciones desesperadas. Muchas de esas personas empezaron a exigir a los gobiernos medidas proteccionistas que les protegieran de la intensa llegada de productos extranjeros, sobre todo provenientes de economías emergentes como China. Esa presión popular ha ido alimentando un sentimiento nacionalista que en su cara más extrema ha desembocado en el crecimiento de la xenofobia y en el ascenso de los partidos ultranacionalistas.

Aunque apertura total de los mercados mundiales ha generado el empobrecimiento de muchos pequeños y medianos negocios locales. Es verdad que también ha supuesto una buena oportunidad para ciertos sectores empresariales que han sabido aprovecharla, pero son menos visibles estos resultados que aquellos. A esto se le suma que el auge de las nuevas tecnologías ha polarizado enormemente el mercado de trabajo, destruyendo muchos empleos que antes eran llevados a cabo por estas clases medias.

En una perspectiva global se puede ver cómo esa concentración del capital en unas pocas manos empobrece también a los países. Muchas naciones tienen un producto interior bruto más bajo que la cifra de negocio de las grandes compañías, lo que sitúa a sus Estados en una posición de inferioridad. Sobre todo a aquellos que se encuentran en vías de desarrollo.

La volatilidad de los mercados financieros

En los últimos años, la volatilidad de los mercados se ha incrementado. Y muchos inversores, antes más dispuestos a probar y arriesgar, han optado por los valores más seguros. Como consecuencia, las exportaciones e importaciones se han ido frenando y muchos sectores empresariales han aumentado sus inversiones en productos locales, o como mucho integrados en mercados internos como la Unión Europea o Mercosur.

Decrecimiento de los países emergentes

Economías emergentes como China, India o Rusia, que habían liderado las exportaciones mundiales desde 1990, han visto como la crisis financiera de 2008 provocaba un frenazo a su crecimiento económico, y han empezado a tener problemas para sostener sus economías.

Uniformidad cultural

Entre los problemas que algunos ven al proceso globalizador está una cierta disminución de la soberanía nacional. Como los países están tan interrelacionados en lo económico, social, político y cultural, cualquier desvío de las pautas generales es visto con recelo. Esto puede ser bueno, por ejemplo, para que todos los países cumplan con los derechos humanos o con protocolos de actuación frente al cambio climático, pero también puede ser pernicioso.

También hay quien ve un peligro de pérdida de la identidad nacional, ya que las sociedades cada vez se parecen más entre sí, con los mismos gustos culturales, modas, etc. Para las lenguas minoritarias una globalización extrema podría suponer su desaparición.

Consecuencias de la desglobalización

Por todo lo visto en el punto anterior las ventajas de la globalización, que no son pocas (apertura de nuevos mercados y oportunidades para las empresas, acceso a nuevas vías de financiación para las mismas, mejoras en el acceso a los recursos y a los concimientos para científicos e investigadores, intercambio cultural, extensión de los derechos humanos, nuevas oportunidades profesionales para los trabajadores), se han ido diluyendo poco a poco en el imaginario de economistas, políticos y sociedades.  Pero el proceso desglobalizardor puede tener ciertas consecuencias no deseadas. Veamos algunas de ellas:

  • Los movimientos migratorios disminuyen, muchas personas que buscaban una vida mejor en Europa y Norteamérica, ahora se quedan en sus países, como consecuencia de las restricciones de acceso o las crisis económicas.
    • Las exportaciones se reducen, muchas empresas venden menos productos y servicios en el extranjero, debido a razones económicas y coyunturales.
    • Las inversiones disminuyen, los capitales dejan de fluir por los mercados internacionales y muchos proyectos empresariales se estancan
    • La innovación tecnológica se frena, la inversión en I+D disminuye y el ritmo de lanzamiento de nuevos productos y servicios se ralentiza.

Habrá que encontrar pues un equilibrio entre globalización /desglobalización que nos permita crecer y evolucionar sin ahondar en las desigualdades económicas y en la pérdida de identidad que la globalización había conllevado hasta la fecha.

¿Te ha gustado? Compártenos:

Escribe aquí tu comentario