Según un estudio realizado por Lee Hecht Harrison, solo un 20% de las ofertas de trabajo se publican. El 80% restante queda relegado para amigos, conocidos y posibles ‘enchufados’ del reclutador.

¿Cómo hacer para poder entrar en la liga del 80% restante? Una palabra clave: networking. Parece sencillo, pero en un mundo dominado por Internet, en el que cualquiera puede agregar a través de LinkedIn al jefe de recursos humanos de nuestra empresa deseada, hay que saber jugar bien las cartas para destacar y eso el 90% de las veces se hace cara a cara.

NETWORKING ETERNO

El consejo número uno es que nunca hay que dejar de hacer networking, ni siquiera cuando hemos encontrado ya trabajo. No se sabe cuándo necesitaremos tirar de contactos, por los que mantener fresca nuestra agenda y nuestra asistencia a encuentros en los que podemos volver a ver caras ‘útiles’, donde darnos a conocer y ser tomados como profesionales que tener en cuenta es clave. Si cuando nos quedamos sin empleo es cuando empezamos a movernos, tardaremos tres veces más en tejer una red útil.

GENEROSIDAD

No hay que olvidar que para poder recibir, primero debemos ser generosos. Nosotros también podemos ser prescriptores para recomendar, podemos ser nexo de unión entre dos profesionales que trabajen juntos o facilitar el teléfono de un directivo a un colega de profesión. Así, sembraremos oportunidades que quizás después vuelvan cuando seamos nosotros los que necesitemos ese apoyo extra.

¿CONEXIÓN ONLINE?

Un buen consejo ofrecido por los expertos es que si bien tratar de afianzar nuestra red de contactos influyentes a través de Internet es cómodo y accesible, no podemos limitarnos a ello… Debemos dar un paso más, buscar nuestro público clave y plantear una estrategia que nos permita elegir a quién acercarnos, en qué situaciones y qué discurso y actitud debemos tener preparada.

Aún así, si vamos a establecer contacto por Internet, debemos tener en cuenta varias cosas. Primero, nuestros perfiles en la red deben ser impecables (fotos, descripción, resumen, CV), deben emanar profesionalidad y experiencia, debemos mandar una invitación personalizada al 100% y además, ser corteses. Si es que nuestra invitación es aceptada, no hay que mandar inmediatamente después nuestro CV, ¡la persona ya tiene acceso a él cuando quiera verlo! Primero debemos ofrecer lo que tengamos, debemos interactuar y más tarde, solicitar.

INTERACTUAR EN PERSONA  

Es fundamental elegir muy bien en qué eventos vamos a invertir nuestro tiempo. Si acudimos a un congreso de nuestro sector, es probable que compartamos espacio con muchos colegas de profesión, pero con pocos reclutadores. Y si los hay, estarán hasta arriba de propuestas de trabajo, no vale la pena.

Quizás es más conveniente elegir afterworks, talleres o conferencias transprofesionales, encuentros deportivos de alto nivel o incluso, acudir a galas benéficas en las que pueda haber personas que nos interese conocer. Es allí donde podemos establecer contacto con personas interesantes con las que mantener una conversación, plantar una ‘semilla’ y después, trasladar a nuestra red profesional con una invitación para comer, una llamada de teléfono o la promesa de una visita a la oficina.

Una vez acudamos a un evento susceptible de ser escenario de networking, podemos hacer lo siguiente. Acerquémonos a los grupos que hablen de forma distendida y agradable, ¿por qué? Porque se conocen, están tranquilos, dispuestos a hablar y seguro, a conocer a una cara nueva.

Cuando hayamos conocido a un par de personas allí, identifica a quién miran todos, cuál es el ‘gallo’ en ese encuentro. Anima a un par de tus nuevos conocidos a acercarte a él para conocerle. Sé rápido, porque es fácil que haya más personas esperando conocer a quien quizás tenga más oportunidades de ofrecer algo de valor.

PRIMERO ESCUCHAMOS, LUEGO HABLAMOS

Antes que hablar, debemos saber escuchar y estar muy atentos. Quizás pensemos que la persona que tenemos delante es solo director de recursos humanos de una empresa, pero es posible que hablando descubramos que le gusta la pesca, que cursó el mismo master que un colega nuestro o que lo que más valora en un candidato es la discreción y prudencia. Encontrar puntos en común o atajos para caerle mejor solo es posible si nos paramos a escuchar.

Y cuando hablemos… Atención. Tenemos escasos segundos para llamar la atención y debemos saber usarlos. Es importante dejar notar nuestra predisposición, experiencia y profesionalidad, pero no debemos agobiar o avasallar con exceso de confianza. La humildad y la predisposición para aprender deben estar presentes en nuestro discurso. No confundamos el cargo al que aspiramos con nuestra propuesta de valor (que incluye no solo nuestro puesto de trabajo, sino también el tipo de profesional que somos, nuestra metodología, todo lo que podemos aportar a nivel personal…).

LAS TRES PREGUNTAS Y UNA OFERTA

Además, tengamos siempre a mano las tres preguntas que los coach recomiendan para poder afianzar nuestra red, que son ‘¿En qué podría ayudarte?’ (mostramos nuestra disposición a ser útiles), ‘¿Cómo solucionarías tú esto?’ (hablamos de un problema común, mostrando que confiamos en su experiencia y en su buen hacer) y ‘¿con quién crees que debo hablar?’ (de nuevo manifestamos nuestra confianza en su criterio).

Una vez hayamos vuelto a casa, tenemos 48h para poder contactar con las personas que hayamos conocido. Si dejamos pasar más tiempo esa conexión se enfría. Debemos mandar un email, agregar a LinkedIn o mandar un mensaje para establecer la relación y así, poder ver de qué manera os podéis ayudar mutuamente. Piensa algo que puedas hacer por esa persona y ofréceselo. Y nunca pares de hacerlo. Ese es el sentido real del networking.

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