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Se trata de una de las principales disyuntivas a las que se enfrentan a diario miles de profesionales en todo el mundo. Con independencia de la actividad, sector, puesto o grado de responsabilidad que una persona sostenga en el seno de una organización esta situación, tarde o temprano y con mayor o menor frecuencia, se solventará con la toma de una decisión: decir que no o disfrutar de la presión.

La dificultad reside en las consecuencias e implicaciones profesionales que tiene practicar la asertividad o trabajar bajo presión. Como casi todo en la vida, ambas posiciones tienen sus pros y sus contras. Y, por suerte para todos, ambas son capacidades que se pueden aprender y desarrollar.

Analizamos en este artículo cada una de ellas para saber cuál es, en cada momento, la decisión más acertada dependiendo de factores como la trayectoria profesional o el bienestar emocional.

Aprender a decir que no

Se atribuye a Joseph Wolpe, psiquiatra sudafricano-estadounidense, la primera definición de asertividad, en este caso, desde el plano de la terapia de conducta: “la expresión adecuada dirigida a otras personas de cualquier emoción que no sea la respuesta de ansiedad”, por lo que ya podemos intuir en esta primera aproximación que se trata de un concepto ligado a la inteligencia emocional.

Trasladándonos ahora al ámbito profesional, la asertividad laboral se traduce en la capacidad de aprender en qué momentos o situaciones debemos decir que no, y cuándo, por el contrario, debemos decir que sí.

Zenger y Folkman analizaron la importancia de la asertividad laboral en los líderes. Según estos autores, si bien por sí sola no es clave del éxito, combinada con otra serie de cualidades la asertividad laboral “influye notablemente en el grado de excelencia de los altos ejecutivos”.

Además, Zenger y Folkman establecieron los denominados “Seis secretos de líderes exitosos asertivos”, es decir, seis claves que se deben analizar y poner en práctica para poder desarrollar la asertividad laboral con la finalidad, principalmente, de ayudar a los profesionales, pero sobre todo a aquellos que deben liderar, a entender que ser asertivo en el trabajo no es sinónimo de ser agresivo ni tiene porqué ser un motivo para ser odiado.

Estos son los “seis secretos” que, según el mencionado estudio, todo líder exitoso utiliza:

  1. Conectan y se comunican con todos los empleados: lejos de poder parecer “arrolladores”, los líderes asertivos se preocupan por establecer relaciones directas y tener disponibilidad para comunicarse con cualquier empleado.
  2. Ofrecen feedback sincero y constructivo: bien argumentado y con el tacto adecuado, las críticas pueden servir de fuente de motivación y guía para el éxito de los profesionales de la organización.
  3. Amplían sus propios juicios de valor: en lugar de tomar decisiones en solitario, los líderes asertivos de éxito involucran a los demás en dicho proceso de modo que se sienten seguros de poder ofrecer su opinión para contribuir a esa toma de decisiones.
  4. Predican con el ejemplo: en ocasiones, los líderes asertivos detectan la necesidad de cambio de comportamiento en los demás y no en el propio, mientras que los asertivos de éxito son capaces de modelar ese cambio que desean en los demás.
  5. Relaciones excelentes: establecer buenas relaciones profesionales es la mejor solución para ser admirado, respetado y apoyado por los demás.
  6. Buscan oportunidades para la colaboración: ser asertivo es la cualidad perfecta para buscar proyectos de colaboración que fuercen a a las personas a conseguir y a hacer más, alejándose así del modelo de gestión que se aleja de la cooperación.

Si quieres saber más sobre el estudio de Zenger&Folkman, te recomendamos el artículo Making Yourself Indispensable publicado en Harvard Business Review

Disfrutando de la presión

En otro punto conectado a la asertividad, encontramos a profesionales que disfrutan trabajando bajo presión. Es más, saber gestionar la presión laboral es ya una de las soft skills que cobran más fuerza y, como comentábamos al principio, trabajar bajo presión es una habilidad que se aprende.

Son ya muchos los puestos que exigen esta habilidad que se materializa en saber gestionar esa presión para organizarse correctamente y cumplir con las metas marcadas. Pensemos aquí en agentes de bolsa, bomberos, alta dirección, pilotos comerciales… Y son también cada vez más personas las que se suman al listado de aquellas que tienen capacidad para pensar con claridad, tomar decisiones y cumplir objetivos en condiciones desfavorables, generadas en muchos casos por sobrecargas de trabajo, plazos muy cortos o cambios repentinos en las prioridades.

En definitiva, se define como la capacidad para optimizar la actividad del individuo y, en consecuencia, aumentar su productividad. O lo que es lo mismo: sacar adelante más trabajo, mejor ejecutado y en menor tiempo.

Ahora bien, el primer aspecto que debemos diferenciar y clarificar es que presión no puede ser sinónimo de estrés puesto que, de ser así, en lugar de tratarlo como una competencia profesional se convertiría en un problema para el empleado y, a la larga, también para la organización. Y es que, si una persona no está acostumbrada a trabajar “sanamente” bajo presión, las altas exigencias provocarán desequilibrios físicos y/o emocionales, esto es, padecerá estrés laboral. Si no hay disfrute, hay riesgo. Si quieres saber cómo “disfrutar del estrés”, no dudes en consultar este artículo.

¿Qué tienen en común las personas que disfrutan de la presión? Expertos en gestión de talento definen una serie de cuestiones que todo profesional, con capacidad para soportar la presión, cumplen en sus puestos: planifican, organizan, priorizan, gestionan bien su tiempo, son flexibles, delegan, e, incluso, son asertivos.

El mundo profesional avanza y con él las habilidades que los profesionales deben adquirir para seguir siendo, además de empleables y productivos, flexibles y adaptables. Y entre esas nuevas competencias demandadas, encajan

la asertividad y la gestión de la presión, dos habilidades que se aprenden. Si una lección es más importante, es que ambas deben estar al servicio de mejorar la trayectoria profesional de quienes las adquieren, favoreciendo aquí también el hecho de que las personas deben encontrarse bien desde que dicen que no a algo o alguien, hasta cuando sacan adelante su trabajo bajo presión. De lo contrario, el estrés y otros factores desmotivacionales aflorarán afectando a la productividad personal y organizacional.

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