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El dato es el nuevo oro negro. Big Data. Machine Learning. Internet de las Cosas. Inteligencia Artificial. Neurotecnología. Neuromarketing. Neurodatos. Cíborgs. Transhumanismo. Monitoriza. Analiza. Interpreta datos. Conoce a tu cliente, a tu empleado, a tu competencia a través de los datos.

Constantemente leemos y escuchamos términos y expresiones que encierran tecnología y manejo de datos, de muchos datos; muchos de ellos personales, y con ellos, el controvertido escenario en el que se debaten siempre la libertad y la privacidad, y el avance tecnológico y la educación que necesitamos para utilizarla de modo adecuado.

En el mundo organizacional, al igual que el ámbito privado, estamos experimentando lo que ya se conoce como la hibridación hombre-máquina, por ejemplo, con el aumento de la demanda de los que ya se conocen como perfiles híbridos.

A nivel personal, los ciudadanos “pedimos” de forma exponencial, referencias a plataformas que, con un par de preguntas y sus sistemas algorítmicos continuamente mejorados, nos recomiendan lugares vacacionales, restaurantes, discotecas, tiendas donde comprar un determinado producto… ¡Qué maravilla y cuán útil es! ¿verdad? Pero no somos realmente conscientes, porque desconocemos cómo funcionan, de que tales predicciones o resultados pueden afectar a la propia toma de decisiones y comportamiento humano. ¿Manipulación o gran utilidad para la recomendación? Siempre habrá que conocer los tonos grises de la operación.

En el próximo Club de Desarrollo Personal y Liderazgo (martes 15 de septiembre, en remoto, de 19 a 20:30 horas) profundizaremos sobre el funcionamiento de los algoritmos y las máquinas, y su impacto en nuestro comportamiento y toma de decisiones. ¡Reserva ya tu plaza!

Descifrando el cerebro

Partiendo de la base de que la vinculación hombre-máquina es imparable, aquellos que quieren seguir en alza en el mercado, estados, empresas y profesionales, necesitan avanzar hacia la hibridación, es decir, hacia un modelo en el que el humano y la tecnología se entienden y se “sirven” mutuamente.

Aplicar el modo en el que los seres humanos pensamos, sentimos, soñamos, etc. al propio funcionamiento de las máquinas es lo que actualmente conocemos como Inteligencia Artificial (AI), área de estudio en plena expansión, y estrechamente relacionada con una incesante e histórica búsqueda de tesoro: descifrar el funcionamiento del cerebro. Esta es la simbiosis que tantos ansían.

De esto sabe, y mucho, el microbiólogo español, Rafael Yuste, impulsor del proyecto ‘Brain’ -puesto en marcha en 2013 por la administración Obama- con el que se pretende desarrollar la tecnología que ayude a comprender cómo funciona el cerebro. En palabras de Yuste -en una entrevista publicada en los medios en agosto de este año- se pone en valor la importancia de esta labor: “las nuevas neurotecnologías van a permitir entender qué es el ser humano, porque entender el cerebro será entendernos por primera vez“.

Neurocapitalismo: ¿Votos a favor? ¿Votos en contra?

Su importancia es tal que la neurociencia y la neurotecnología sigue, y seguirá, siempre avanzando. Ahora bien, tal y como el propio Yuste advierte, la innovación en el campo de la neurotecnología, debido al gran impacto que puede generar en la medicina, pero sobre todo en la sociedad y en la economía, deberá ser regulado para asegurarnos de que el esfuerzo se realiza en beneficio de la sociedad. Y es que no podemos olvidar que este tipo de progreso siempre acarrea conversaciones éticas en torno a su uso y aplicación. ¿Recuerdas el famoso Derecho al Olvido que se exigió a motores de búsqueda como Google?

Yuste fue capaz de manipular el comportamiento de unos roedores, y por este y otros experimentos con grandes resultados para la ciencia, expertos como el propio Yuste advierten de la necesidad de que los gobiernos den prioridad a la creación de los neuroderechos, y de que las organizaciones implicadas asuman la responsabilidad ética en sus innovaciones.

Al igual que las tres leyes de la robótica establecidas por el el bioquímico, científico, divulgador y escritor Isaac Asimov en sus obras (ampliadas hasta 6 en la propuesta que realizó el Parlamento de la Unión Europea),  los defensores de los neuroderechos defienden la aplicación de una serie de reglas y los legisladores están trabajando ya en algunos aspectos.

Los 5 principales neuroderechos que promueve Neurorights Initiative*:

 

-El derecho a la identidad personal: deben fijarse límites para prohibir que la tecnología interrumpa el sentido de uno mismo. Cuando la neurotecnología conecta a las personas con las redes digitales, podría difuminar la línea entre la conciencia de una persona y los aportes tecnológicos externos.

-El derecho al libre albedrío: los individuos deben tener el control final sobre su propia toma de decisiones, sin la manipulación desconocida de neurotecnologías externas.

-El derecho a la privacidad mental: todos los datos obtenidos de la medición de la actividad neuronal (“NeuroData”) deben ser privados. Además, la venta, la transferencia comercial y el uso de datos neuronales deben estar estrictamente regulados.

-El derecho a la igualdad de acceso al aumento mental: se deben establecer directrices, tanto a nivel internacional como nacional, que regulen el desarrollo y las plicaciones de las neurotecnologías para la mejora mental. Estas directrices deben basarse en el principio de justicia y garantizar la igualdad de acceso a todos los ciudadanos.

-El derecho a la protección contra el sesgo algorítmico: las contramedidas para combatir el sesgo deben ser la norma para el aprendizaje automático. El diseño de lgoritmos debe incluir información de grupos de usuarios para abordar fundamentalmente el sesgo.

*Traducción directa de Neurorights Initiative

Y de ese gran potencial que ofrece la tecnología surge el concepto de neurocapitalismo, y con su creación, nacen oportunidades y amenazas que deben ser tratadas bajo el prisma de los dilemas éticos que encierra el progreso tecnológico puesto que, si algo está claro es que hoy, con tecnología, casi todo es posible. El creciente interés por crear dispositivos conectados a la mente humana y/o al sistema nervioso hace necesario un claro replanteamiento para diferenciar entre lo posible y lo deseable. Para expertos como Yuste que de no regularse la aplicación de ciertas tecnologías en lo que a la lectura de la mente se refiere, podríamos llegar a perder la privacidad de nuestra mente.

Dicho de otro modo, debemos plantearnos cuestiones como: ¿llegarán las máquinas a leer pensamientos, a hackear nuestra mente, a filtrar información “codificada” en nuestra cabeza, o incluso a cambiar nuestra propia personalidad? ¿Queremos que sea así?

Para aquellos que piensen que todo esto es ciencia ficción, veamos algún ejemplo de lo que se está consiguiendo ya por parte de algunas empresas. Neuralink, fundada por Elon Musk y apoyada por empresas como Microsoft, es una compañía estadounidense que se dedica, tal y como definen en su página web, a “desarrollar interfaces cerebro-máquina para conectar humanos y ordenadores”.  De hecho, una de las aplicaciones de estos desarrollos está relacionada con mejorar ciertas capacidades humanas en personas con discapacidad. La tecnología aparece como el gran aliado del ser humano.

Además, el objetivo último de esta empresa y de su fundador es mejorar la especie humana a través de la inteligencia artificial. Pero, es en este punto donde salta la pregunta: ¿qué puede conllevar la puesta en práctica el transhumanismo? ¿Qué oportunidades, pero también riesgos conlleva conectar la mente a Internet? El interés de los gigantes tecnológicos por financiar proyectos de este tipo puede darnos una pista sobre el gran poder que encierra la neurotecnología.

Si a algunos les preocupa, pero lo aceptan como moneda de cambio, que algunas aplicaciones gratuitas accedan a toda la información que tenemos en nuestro móvil, ¿estaríamos dispuesto a regalar nuestros pensamientos por mejorar algunas de nuestras capacidades? Hacer un uso adecuado de la tecnología y evaluar siempre su impacto en nuestra vida está, como siempre, en nuestras manos.

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