En los últimos tiempos parece que está de moda ser “emprendedor”, palabra de la que se está abusando debido a:

  • La necesidad de utilizar un eufemismo para sustituir la palabra empresario. Una pena, ya que tener empresarios debería ser algo valorable y positivo. Los empresarios suponen creación de valor, bienestar y riqueza, elementos necesarios para el correcto funcionamiento de un país. Y, no olvidemos, que son los que crean empleo (a excepción de la Administración pública), por lo que, ¿debemos cambiar nuestro punto de vista sobre los empresarios, o no?
  • La necesidad de “empujar” a los desempleados a crear su propio empleo cuando no todo el mundo tiene vocación, formación o carácter para ser empresario y, en muchos casos, sólo se genera un empeoramiento o retraso de otro tipo de problemas. En cualquier caso, si quieres ser emprendedor, aquí te incluimos un enlace a un wikilibro de la EOI, sobre cultura emprendedora en proyectos de negocio.

Sin embargo, la esencia de la palabra emprendedor está en lo que supone como valor necesario a incorporar en cualquier cultura y, en esa línea, es en la que debe trabajarse.

Cuando pensamos en un emprendedor pensamos en crear, inventar, atreverse, arriesgarse, construir o liderar. En ver más allá y hacer cosas distintas a los demás. En ser personas que marcan la diferencia en la sociedad y es precisamente, en todo eso, en lo que debe ponerse el foco a la hora de hablar de una cultura emprendedora o intraemprendedora, sea cual sea su ámbito de aplicación.


La cultura emprendedora es la que lleva a renovar las legislaciones, a dinamizar las economías y a mejorar la calidad de nuestras vidas a gran escala, pero también a ser personas satisfechas en lo personal y lo profesional en lo más cercano. Como algunos dicen, no se trata tanto de ser feliz, pues como han dicho muchos autores, la felicidad es efímera, como de llevar la vida que quieres llevar, con todas sus consecuencias.

Así, el espíritu emprendedor engloba una conjunto de valores que, adecuadamente combinados pueden mejorar tanto el proyecto de vida personal, como el profesional e, incluso el social, desarrollando iniciativas que contribuyan a la calidad de vida, la solidaridad y el bienestar. Entre ellos encontramos elementos, imprescindibles, y algunos de ellos vitales, en el nuevo entorno:

  • La responsabilidad, que nos permite reflexionar, administrar, orientar y valorar las consecuencias de nuestros actos.
  • La iniciativa es la predisposición a emprender acciones, crear oportunidades y mejorar resultados, no quedarse sólo en palabras, sin necesidad de un requerimiento externo que lo empuje. Supone adoptar una actitud proactiva y con la madurez suficiente para asumir las consecuencias de la acción.
  • El dinamismo es una de las claves para triunfar en tiempos adversos y un elemento básico para sobrevivir en tiempos tan cambiantes como los actuales. Ser dinámicos consiste, sencillamente en ser flexibles y tener mente abierta para lo nuevo, para adaptarse al entorno y a las condiciones que nos rodean.
  • La perseverancia es un rasgo esencial para el progreso. Es la capacidad para seguir adelante a pesar de los obstáculos, dificultades, aburrimiento, frustración o los propios deseos de rendirse. La persona perseverante termina lo que ha empezado, vuelve a intentarlo tras un fracaso inicial, persigue sus objetivos y se mantiene concentrada y trabajando en su tarea.
  • La tolerancia a la incertidumbre. No es una exageración decir que la dificultad para tolerar la incertidumbre constituye una característica esencial de los seres humanos. Las personas que no pueden tolerar la normal incertidumbre que forma parte de la realidad, construyen estrategias para evitar el sentimiento de angustia que les genera el “no saber”, lo que les lleva  a intentar controlar los resultados de cualquier acción. Lo que estas personas no reconocen es que la incertidumbre y la ambigüedad pueden ser, por el contrario, acogidas, buscadas y aceptadas si se les percibe como oportunidades de vivencias nuevas: una manera de experimentar el mundo abriendo puertas y suspendiendo el juicio acerca de personas y acontecimientos.

 
Para que la cultura emprendedora se introduzca en nuestra sociedad, hay que comenzar a trabajarla a todos los niveles. Por supuesto, desde la escuela, donde comienzan a incorporarse tímidos intentos, pero también en las empresas, familias, instituciones, etc. Debe propiciarse la creatividad y la adaptabilidad, pero también deben favorecerse capacidades como la toma de decisiones, el pensamiento crítico, la negociación o la autoconfianza, acompañadas de otras, igualmente necesarias, como la planificación o el conocimiento sobre algunos temas tradicionalmente apartados de lo que se ha venido considerando como educación básica.

Un “emprendedor” ve oportunidades donde otros no las ven, es capaz de movilizar los recursos y motivar a las personas necesarias para que algo ocurra y, por tanto, de convertir las ideas en realidades.

Algunos de estos temas han comenzado a ponerse de moda, como la creatividad, y aunque no siempre se tratan adecuadamente, comienzan a ser objeto de estudio y de trabajo. Sin embargo, otros no están tan “de actualidad” a pesar de ser claves. Un ejemplo sería la toma de decisiones que afecta atodos los aspectos de nuestra vida, desde la resolución de problemas hasta la elección de la información adecuada, en un mundo donde ya se habla de big data. Sin embargo, algunas personas prefieren que el mundo se mueva bajo sus pies en lugar de dirigirse allí donde quieren ir.

Y, por si todo esto no ha sido suficiente, os incluimos:

  • Un enlace a las recomendaciones sobre nueve películas de emprendedores, con perfiles muy diferentes, que pueden serviros para inspiraros este verano. Seguro que algunas las habéis visto (si no es así, os las recomendamos, valen la pena) pero son estupendas y bien valen un segundo visionado desde otra perspectiva: la emprendedora.
  • Un juego, para niños (o no tan niños) para el desarrollo de la “cultura emprendedora”, mediante un la creación de un grupo de música.

Esperamos que sirvan para incrementar o comenzar a desarrollar vuestros valores emprendedores.