Hace algunas semanas en el encuentro de Creatividad On de nuestro Club Innova&acción se me quedó grabada a fuego una frase de uno de los ponentes de aquella magistral sesión de Team-Teaching:

 

¿Hay que hacerlo bien o hay que hacer lo correcto?

Sé que lo que voy a escribir a continuación no será compartido por muchos y no voy a esperar a darle contenido a las dos frases para inclinarme por la correcta, valga la redundancia.

Hacerlo bien:

  • Tener un elevado sentido de la responsabilidad
  • Buscar la perfección
  • Seguir estándares de calidad muy altos
  • Sentir orgullo y satisfacción por el mero resultado

Poner un huevo perfecto y grande y no saber cacarearlo

Esto es poner un huevo perfecto y grande y no saber cacarearlo o, lo que podría ser peor, cacarearlo a destiempo, cuando nadie interesante o interesado está cerca para oírlo y atento para escucharlo.

Pero la comunicación es solo una faceta de un problema multifactorial. Hacer lo correcto también va de rentabilidad y provecho, de poner en valor y de conseguir valor. Y también, de que una vez conseguido, lo compartamos con el cliente haciéndole sentir que es todo para él y por él, pero conservando para nosotros una parte esencial de ese valor que nos permitirá crecer y seguir haciendo lo correcto.

La cita que nos ocupa tiene su derivada en la educación y en la vida profesional, a nivel individual y colectivo, incluso en nuestra vida social en la esperada modestia con la que debemos relacionarnos con nuestros semejantes. Esto nos sucede en cosas tan sencillas como aceptar un cumplido. Cuando alguien nos dice que le gusta mucho la corbata que llevamos, basta con responder “gracias” para aceptar el cumplido, no es necesario que justifiquemos nuestro acierto como si no tuviéramos mérito diciendo cosas como “pues es un regalo…”

Podemos hablar también de una dimensión cultural como país. Alguna prueba de ello es que hacemos gala, por ejemplo, de tener el mejor aceite de oliva del mundo, pero son los italianos quienes lo venden en frasco a precio de alta cosmética. Lo hacemos fenomenal, pero ellos hacen lo correcto.

El sistema educativo, por norma general, nos conduce a buscar la excelencia académica. Pero después resulta que esa excelencia no necesariamente nos lleva al éxito profesional. Ya puedes ser premio nacional de carrera que, si no sabes “defenderte” en una entrevista de trabajo, lo vas a tener bastante crudo en el mercado laboral de la empresa privada. Añadir a la excelencia, un enfoque de la persona como su propio negocio, del que debe construir una marca y generar unas relaciones con sus potenciales clientes cuidando al mismo tiempo los aspectos financieros, podría ayudarnos a dirigirnos con más facilidad hacia lo correcto. Tampoco se trata de mercantilizarlo todo, pero entre el todo y la nada hay una gran variedad de virtuosas parcialidades.

Romper con tanta inercia no es fácil

Incluso cuando hablamos de desarrollo profesional nos encontramos con que nuestras posibilidades de promocionar dependen solo en un 10% de lo bien que hagamos nuestro trabajo, en un 60% de con quienes nos relacionamos en la empresa y en un 30% de lo que esas personas con las que nos relacionamos saben de nosotros (y saben lo que nosotros les contamos). Pero ahí seguimos, obsesionados con hacerlo bien, y eso es perfecto si no nos impide hacer el 90% restante del trabajo para hacer también lo correcto.

A nivel empresarial, más allá del manido ejemplo del aceite, seguro que todos tenemos ejemplos muy cercanos de empresas que son fantásticas desarrollando productos. Productos de alta calidad, innovadores, pioneros… Pero que trabajan de espaldas al mercado, con un gran desconocimiento del cliente, desperdiciando la oportunidad de, además de hacerlo bien, hacer lo correcto, ser un verdadero referente del mercado y alejarse de la feroz competencia por precio.

Claro que son muchos años de aprendizaje, de padres a hijos, de profesores a alumnos, de responsables a colaboradores… Romper con tanta inercia no es fácil y obliga, primero de todo a tomar conciencia. A partir de ahí es necesaria mucha energía para que lo correcto vaya ganando terreno, pues muchas veces implica luchar contra corriente. Es duro tanto a nivel individual como colectivo, pero se puede aprender. De la misma manera que hemos aprendido a hacerlo bien, podemos aprender también a hacer lo correcto. Podemos empezar por cambiar nuestra definición de perfecto y, a partir de ahora, pensar en que incluya también conceptos como cliente, valor, comunicación…

3 Comments

  • Adriana I. Díaz Barriga Córdoba dice:

    Hola Estoy FELIZ de que existan, soy Comunicóloga y me entusiasma la idea de poder compartir y dar ideas innovar y proponer….. QUIERO HACERLO BIEN Y HECERLO CORRECTO., siempre me he considerado una mujer participativa líder y dispuesta a compartir mis conocimientos y experiencia, compartir y ser de ayuda apoyo para mejorar cualquier ámbito de la vida. He ejercido e impartido cursos de Capacitación Empresarial, Motivacion, Finanzas, ahora mismo estoy haciendo Network marketing, Diseño Gráfico e Imagen Publicitaria, amo la vida, la lectura, los animales, la poesía, el arte , la moda, viajar, cocinar, la enologia, la ciencia, la tecnologia, amo a mi familia, este planeta necesita seres humanos con empuje con pasión para hacer resolver proponer innovar cambiar revolucionar y aprovechar el tiempo. Soy Mexicana, vivo en Mérida Yucatán. País de tradición y cultura, estoy s sus ordened.

  • Adriana I. Díaz Barriga Córdoba dice:

    Gracias

Leave a Reply to Adriana I. Díaz Barriga Córdoba Cancel Reply