Camila Hurtado es Ingeniera Química por la UPV, aunque buena parte de sus estudios los realizó en Italia. Actualmente forma parte del departamento de Investigación y Desarrollo de nuevas máquinas de Jeanología, empresa líder en crear soluciones láser y ecológicas para el sector textil, concretamente para el acabado de tejidos vaqueros. En esta entrevista  nos cuenta su experiencia y las interesantes iniciativas que desde su empresa están llevando a cabo.

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¿Puedes resumirnos tu trayectoria profesional antes de recalar en Jeanologia?
Estudié Ingeniería Química en la UPV. Como me gusta mucho viajar y aprender idiomas, sabía que quería hacer una estancia en el extranjero. En segundo curso supe de la posibilidad de ir a finalizar los estudios en Italia con una beca de Doble Titulación. Había varias plazas, así que podía ir con algunos compañeros que también estaban interesados, lo que lo hacía un plan redondo. Me puse las pilas durante el año siguiente, pues tenía que mejorar mi media para que me concedieran la beca, y aprender algo de italiano para defenderme en los exámenes, que son orales. Y acabé pasando allí dos años estupendos. Asuntos personales hicieron que volviese a Valencia después de graduarme allí, y tras un año de trabajos temporales, acabé entrando en Jeanologia a través de una beca que ofertaba la Asociación de Antiguos Alumnos. Corría el año 2010, y con lo difíciles que estaban las cosas nunca pensé que me quedaría, pero ¡aquí estoy! Más tarde, en 2013, cursé el Máster en Innovación y Desarrollo de Proyectos de Negocio de Florida Universitaria.
¿Qué te aportaron estas experiencias?
Tanto en la UPV como en Milán y en el máster he conocido a gente estupenda y de todos los rincones del mundo, con los que he compartido y aprendido mucho, tanto en el terreno ingenieril como en el personal. Cuando entré en la universidad, mucha gente me decía: “Aprovecha, que son los mejores años”, y de verdad que en parte tienen razón.

Pienso que el hecho de ‘buscarse la vida’ en un país que no conoces, desde alquilar un piso hasta defender tu Proyecto Final en un idioma que acabas de aprender, te hace espabilarte muchísimo. Siempre he sido muy vergonzosa, así que ¡imagínate lo bien que me ha venido un poco “picardía” italiana!

El máster me ha hecho comprender el funcionamiento de una empresa, y que el trabajo técnico sólo garantiza el 50% del éxito de un nuevo producto. Para conseguir el otro 50% se deben cuidar muchos otros aspectos igualmente importantes, o incluso más: márquetin, plan de negocio, logística, proveedores…


Cómo definirías Jeanologia en pocas palabras, ¿cuáles crees que son las claves que han llevado a la empresa a convertirse en líder de su mercado?

Se me ocurren muchísimas palabras, pero si he de elegir dos me quedo con dinamismo y esfuerzo. Tenemos un líder claramente dinámico, apasionado y con mucha visión de negocio y del mercado al que nos dirigimos, que cambia a velocidad de vértigo como muchos otros mercados. Creo que dirigir una empresa es como dirigir una embarcación: la capacidad de prever los cambios y anticiparse para corregir el rumbo es la clave para llegar a buen puerto.

Por otro lado, para manejar la embarcación hace falta una tripulación que sepa adaptarse a las condiciones y enfrentarse a las inclemencias del tiempo. Y la ‘tripulación’ de Jeanologia es sin duda un ejemplo de esfuerzo y dedicación, entre muchas otras cualidades que la hacen única.

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¿Qué labor desempeñas en Jeanologia?

¡Soy grumete! (risas). No, en serio, tenemos dos líneas de producto: máquinas Láser y máquinas Eco. Trabajo en el departamento de Investigación y Desarrollo de nuevas máquinas, dentro de la línea Eco. Nuestro trabajo consiste en ver qué procesos del sector textil se pueden mejorar, ya sea en términos de eficiencia, consumos, residuos o condiciones para el trabajador, y buscar una tecnología que permita hacerlo. Luego hay que experimentar, experimentar, y experimentar… Hasta convertir la idea en una máquina que obtenga los mismos resultados que las técnicas tradicionales, sea fácil de utilizar y tenga un coste razonable.

¿En qué áreas centráis los esfuerzos en I+D? ¿Qué tecnología o proyecto destacarías?
La línea Eco se dirige sobre todo al ahorro de agua y productos químicos. En el proceso de acabado de un pantalón vaquero pueden utilizarse 50L de agua o más, y varios productos químicos. Cada día se producen millones de jeans en el mundo, así que las cantidades de consumo de agua y de residuos que se producen son bestiales. En Jeanología tenemos un contador que mide on-line los consumos de la industria y el ahorro que se produce con nuestra tecnología.

Un ejemplo es la tecnología e-Flow, que utilizando micro-nano burbujas es capaz de suavizar un jean con sólo 0,25L, cuando en el proceso de suavizado habitual se gastan 5L al menos, lo que supone una reducción del consumo de agua de un 95%.

La empresa tiene un espíritu claramente Eco y estáis desarrollando técnicas basadas en el ozono, las nano-burbujas o el software inteligente para su uso en la industria textil, ¿qué acogida están teniendo estas técnicas en el sector? ¿Cuáles son vuestros principales clientes?
El sector textil en general es muy tradicional, por lo que cualquier novedad despierta, cuanto menos, el interés. Y si además permite ser más competitivo, el éxito está asegurado. Esto se demuestra con la tecnología G2, basada en gas ozono, que lleva en el mercado desde 2009, contando actualmente con alrededor de 200 unidades funcionando en todo el mundo.

Nuestros principales clientes son lavanderías industriales situadas en el sudeste asiático, Centroamérica, y Sudamérica, y parte en Europa. Son los fabricantes de las prendas de marcas como Levi’s, GAP, Abercrombie, Inditex, entre otros… Así que el nivel de exigencia, en términos de productividad y costes, es muy alta.


En una época en la que la economía se mira más que nunca, ¿resulta rentable desarrollar y aplicar estas técnicas ecofriendly?

Por supuesto. Rentabilidad y sostenibilidad en nuestro caso van unidos, es lo que nos define.

En este sector solo existe un futuro, en el que la clave es usar la tecnología para conseguir reducir el uso de recursos para la manufactura (productos químicos, agua y energía eléctrica). Esto es sinónimo de ahorro de costes, lo que hace que nuestras máquinas tengan un retorno de inversión muy rápido, por lo que a corto plazo nuestros clientes son más competitivos.

Si bien es cierto que en algunos de los países donde se sitúan nuestros clientes no se paga por el consumo de agua, o por un canon de saneamiento, esto es una situación que ya está empezando a cambiar. Por ejemplo, en algunas zonas de China ya han fijado un máximo consumo de agua para las industrias, que han de buscar alternativas que consuman menos, o se verán obligados a parar la producción o pagar una multa. En otros sitios como en Islas Mauricio, el gobierno subvenciona la adquisición de este tipo de equipos, pues sus recursos naturales son más limitados.

¿En qué nuevos desarrollos estáis trabajando actualmente?
Uy, esto es confidencial… (risas). Hay un par de productos a los que hemos dedicado mucho esfuerzo en el último año, y estoy segura que dentro de nada los podréis ver en la página web.

¿Y a nivel personal/profesional qué retos de futuro te planteas?
El dinamismo de Jeanologia hace que los puestos de trabajo sean muy plásticos, lo que hace que cada año todos asumamos nuevos retos y responsabilidades. La formación en habilidades profesionales mediante libros, cursos, MOOCs, etc. es una de mis actividades habituales.

A nivel personal, soy de las que necesitan hacer muchas cosas distintas, así que entre mis objetivos para este año están: mejorar mi práctica de yoga, correr una 10k y tocar el piano más a menudo. En enero empecé a aprender japonés, pero me temo que ese es un reto a medio-largo plazo. ¡Por mucho que me gusten los idiomas!

En la empresa contáis con un equipo multidisciplinar (ingenieros, diseñadores, economistas)… y tenéis presencia en todo el mundo, ¿cómo se gestiona esta diversidad?
Esta es una de las cosas más delicadas de gestionar, sobretodo la multiculturalidad. Como decía Ana Mª Llopis en uno de los encuentros de Innova&Acción, hay que entender a la otra persona y descubrir cuál es su motivación para poder trabajar en la misma dirección, y esto lleva tiempo y esfuerzo. Pero doy fe de que cuando se consigue, es tremendamente gratificante para todas las partes.

En 2013 recibisteis el premio al mejor equipo de diseño sostenible del mundo, ¿qué supuso para el equipo este galardón?
Es un gran honor recibir el reconocimiento de una institución con reputación en el sector a nivel mundial. Especialmente cuando entre los demás finalistas en la categoría se encontraban por ejemplo H&M y Timberland, dos gigantes de la industria.

A raíz de cosas como ésta nos hemos convertido en referentes también en diseño de prenda, lo que constituye una doble satisfacción ya que nuestro objetivo no es el desarrollo de prendas, sino que esto se hace como servicio adicional.

Personalmente, es alucinante saber que desde estas instalaciones de Valencia estamos ayudando a cambiar un poquito el mundo.

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¿Qué te aporta como profesional pertenecer a Innova&acción, el club de innovación de Antiguos Alumnos? ¿Cómo valorarías la actividad de la Asociación?
Personalmente, el encuentro con personas de otros campos distintos al mío (tanto ponentes como asistentes) me resulta muy enriquecedora. No me imagino otro marco en el que pudiese tomarme un café tranquilamente mientras charlo con profesionales de la talla de Max McKeown, o Agustín Argelich. Creo que el aporte de ideas frescas al día a día es crucial para el desempeño de cualquier trabajo, no sólo para quien se dedica a la I+D+i.

Por otro lado, soy miembro del Club de Desarrollo Personal y Liderazgo, y creo que éstas y otras iniciativas de la Asociación son de gran utilidad para compartir tus inquietudes con otras personas que también las tengan, o para acercarte a profesionales que te den ideas sobre cómo desarrollarlas.

Y bueno, la beca ofertada por la Asociación fue mi puerta de entrada a Jeanologia, así que en mi opinión ¡se merecen un 10!